martes, 30 de agosto de 2016

Clase 2: Qué es la realidad - La alegoría de la caverna de Platón

              A qué llamamos la realidad. ¿Alguna vez te hiciste esta pregunta? Seguramente en algún momento de tu vida te lo habrás planteado. O te lo habrán planteado. Nosotros sostenemos que es una de las preguntas esenciales del ser: ¿Qué es lo real? ¿Existe lo que me rodea? Y de ser así, ¿en qué sentido existe y cómo nos afecta?
            Generalmente no cuestionamos nuestro entorno. Andamos por la vida preocupados más por el tiempo, por conseguir un trabajo, comprarnos algo que nos guste, pactar salidas con amigos o amigas que preguntándonos por qué estamos en dónde estamos, y sí realmente en dónde estamos es finalmente en donde nos dicen que estamos. ¿Suena confuso?
            Vamos por partes: en general, tanto el hombre y la mujer creen en lo que les dicen. El ser humano conoce su mundo por medio de sus sentidos: el tacto, el olfato, el oído, pero esencialmente la vista. El sentido de la vista es el sentido por excelencia en nuestras sociedades contemporáneas. Creemos en lo que vemos, porque las cosas están allí, tal como afirman nuestros ojos y nos los confirman nuestro sentidos: el tacto, olfato, oído o gusto. Y encima, porque a aquello que vemos, tocamos, sentimos, degustamos le hemos dado el valor de la nominación, le hemos conferido poder al nombrarlo con el lenguaje.  O sea, que podemos decir que eso existe, porque está allí, presente, esperando ser tocado, degustado, olido, pero sobre todo, enunciado. Para poder ser finalmente verdadero, porque está allí, siendo nombrado, utilizado, manipulado.
            Ahora bien, ¿qué sucede si algún día alguien nos dice que eso a lo que tanto estamos acostumbrados no es real, no es verdadero? ¿Qué creés que sucedería? ¿Qué creés que pensarías? ¿Estás realmente preparado o preparada para enfrentar esto? Y de ser así: ¿por qué te duele la cabeza?
            Una alegoría, que viene del griego allegorein «hablar figuradamente», es una figura literaria o tema artístico que pretende representar una idea valiéndose de formas humanas, animales o de objetos cotidianos. La alegoría más conocida de todas es la que Platón acuña antes del nacimiento del propio Cristo (personajes polémicos si los hay) y sucede, precisamente, en una caverna. La Alegoría de la caverna de Platón es una representación simple de explicar, pero muy difícil de aprehender. Y dije aprehender, no aprender. Aprehender, con “h” intermedia, significa captar algo en su esencia, asimilarlo, incorporarlo, hacerse de él, formar parte. Es decir, debemos aprender a aprender. ¿Y por qué digo esto? Porque usualmente el ser humano sólo aprehende las cosas a las que le encuentra sentido o lógica. Muchos de los contenidos que vamos a transitar durante esta materia, a priori, no dispondrán de un sentido o lógica para tu entendimiento. Es más: muchos de ellos te van a aturdir. A dejarte desconcertado/a. Te van a marear y vas a sentir que no estás aprendiendo nada. Enhorabuena, ¡bienvenido/a al campo del conocimiento! Bienvenido/a a la necesidad de aprender a aprender. Decíamos, entonces, que la Alegoría de la Caverna de Platón es sumamente interesante. Es fácil de explicar pero difícil de aprehender. Difícil de imaginarlo y sentirse parte. No quiero que veas imágenes, quiero que las sientas. Que seas parte de ellas. Imaginate en una caverna, atado. Todo el maldito día viendo proyectarse sombras sobre una pared. Milagrosamente no requerís comida, tampoco agua y ni hablar de otras necesidades. Lo que importa en esta escena es saber que lo que tus ojos ven, los que tus oídos escuchan.  Estás aislado, esa es tu realidad y ninguna más. Imaginate que no conoces nada de lo que conocés hoy. Nada de lo que hoy creés o ves para vos existen. Sólo el vacío de la existencia siendo visto proyectado por esa pared mientras oís los sonidos de los transeúntes. No hay nada más que eso. Tu cerebro sólo capta esos sonidos. Los procesa, obvio, porque seguimos en esta imagen siendo humanos. Pero no hay otro parámetro más que el descripto para esta realidad. Para esta tortuosa y prolongada eternidad. De pronto, un día, movido por esa constante curiosidad que te apremia, tenés oportunidad de escapar de esa calamitosa fatalidad. Y abrís las cadenas. Cortás los lazos, velás por tu independencia. Entonces, abrumado/a, te abrís camino por un recoveco sobre el que se inunda una chorrea una imponente ráfaga de luz. Es una luz enceguecedora, muchísima más potente que la de la llama. Y al salir, te encontrás con otra realidad. La que conocés hoy. Ahora sí imaginá lo que quieras: una pradera, una estepa, un desierto, la inmesidad del mar, lo que sea. ¿Qué haces con tus “amigos”? Con aquellos condenados que te acompañaron en esa tortuosa existencia. Tomate unos segundos para imaginarlo y despegá tus ojos de estas páginas… ¿Volviste? De ser así, seguramente volverías. Habría necesidad de contarles. ¡Querés que ellos sientan y vean lo que vos sentiste! Lo que viste. Es lógico: somos seres humanos y guardamos de nuestros afectos. Pero qué pasa al volver, qué dirían estos pobres encadenados de tu relato. Puesto que para ellos es sólo un relato. Son sólo palabras. Seguramente no te acompañarías. Se sentirían cómodos presos de esas cadenas. Y no insistas, porque tus palabras les resultan insoportables. Detestables. Inaudibles. ¡No sigas! Si no querés que terminen despedazándote por no poder soportar la terrible idea de que existe otra realidad.
            











martes, 23 de agosto de 2016

Clase 1: Mentira la Verdad


Bienvenidos

¡Enhorabuena! Bienvenidos y bienvenidas al sitio web de Metodología del Programa FinEs. En éste espacio van a encontrar contenidos relativos a la materia, tanto opcionales como obligatorios. La idea es que se apropien de esta página, que la hayan suya; ya sea en su navegación como en la sugerencia de propuestas, contenidos, comentarios, etc. O sea, que en definitiva, podemos decir que este sitio se sustenta en una suerte de contrato, digamos que algo símil a un matrimonio, ya que sólo funciona si las dos partes están comprometidas...
No los aburró más con perogrulladas. ¡A participar!